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Las experiencias negativas durante la infancia condicionan la salud cardiovascular

La revista de la Asociación Americana del Corazón (AHA), Circulation, publicó el mes de diciembre un artículo donde establece una relación entre las experiencias adversas durante la infancia y la adolescencia y las patologías cardiometabólicas en la edad adulta. Para los investigadores, encabezados por la Dra. Shakira F. Suglia, epidemióloga de la Universidad de Columbia, las personas que han vivido situaciones hostiles —definidas como la percepción de amenazas sobre la integridad física, la familia o las estructuras sociales– incrementan el riesgo de tener diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares o ictus —3 de las 10 causas de mortalidad más importantes en los EE.UU.- al llegar a adultos.

Los autores apuntan que es habitual encontrarse con situaciones adversas en la infancia: alrededor de 6 de cada 10 personas adultas en los Estados Unidos reportan al menos una experiencia de este tipo —se incluyen desde el divorcio de los padres hasta el abuso físico o el bullying, pasando por otros hechos, como vivir en un barrio conflictivo o tener el padre o la madre en prisión. Las investigaciones han mostrado que estas circunstancias tienen un impacto negativo en la salud cardiovascular y algunas líneas de investigación apuntan que la acumulación de experiencias adversas incrementa el riesgo cardiometabólico.

El artículo admite que, aunque cada vez existen más trabajos que documentan esta relación y sugieren sus vínculos, deben tenerse en cuenta ciertas limitaciones, como la falta de acuerdo en las definiciones de “adversidad” en la etapa infantil. Además, los investigadores ponen el acento en el hecho de que la mayor parte de los estudios llevados a cabo se basan en el recuerdo que tienen los adultos evaluados sobre los hechos de su infancia, y esta metodología representaría ciertas limitaciones.

La investigación concluye que deben llevarse a cabo estudios longitudinales prospectivos diseñados para guiar e informar de manera efectiva a las personas, a los profesionales clínicos y a la población en general. La investigación deberá incluir la definición de la intensidad de la exposición a las adversidades, la duración y los períodos vulnerables durante el curso de la vida y a través de generaciones. También debe caracterizar la resiliencia como factor de protección contra las consecuencias cardiometabólicas; identificar los factores biológicos que modifican la respuesta a la adversidad y dilucidar los caminos patobiológicos que relacionan los hechos adversos con consecuencias cardiometabólicas y demostrar qué intervenciones reactivas a la exposición infantil a la adversidad pueden prevenir su progresión hacia enfermedades cardiometabólicas.

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