Factores de riesgo modificables

Los factores de riesgo modificables que predisponen una persona a hacer un ictus son prevenibles. Por eso es importante conocerlos, para así tratarlos y evitarlos.

Alcohol y drogas

El consumo elevado de alcohol –sobre todo de alta graduación– y drogas están asociadas con el ictus hemorrágico. En cambio, el consumo moderado de alcohol se asocia con una reducción del riesgo relativo a sufrir un ictus.

Esta relación se conoce como curva en jota: incidencia alta de ictus en los bebedores intensos, menor incidencia en los bebedores moderados, e incremento de la incidencia de ictus en los no bebedores.

El uso no saludable de alcohol se encuentra entre el 7% y el 20% de los pacientes con ictus atendidos ambulatoriamente en centros de asistencia primaria, entre el 30% y el 40% de los pacientes con ictus atendidos en urgencias y el 50% de los pacientes con ictus y traumatismos.

Colesterol 

Un nivel elevado de colesterol incrementa el riesgo de sufrir un ictus isquémico, porque se instala en las paredes de las arterias y crea unas placas de grasa que van dañando y tapando la arteria con el riesgo de sufrir algún incidente vascular.

Una persona puede tener el colesterol alto por herencia genética o por una mala alimentación. En este caso, el consumo excesivo de grasas animales como la carne roja, las yemas de huevo, los derivados de la leche y el marisco aumentan los niveles de colesterol.

Los valores de colesterol deseables varían según el riesgo de sufrir una lesión vascular que tenga una persona. Este riesgo no depende solo de la cifra de colesterol (tipo LDL), sino de la presencia de otros factores de riesgo vascular. El exceso de colesterol se puede tratar con la dieta y los hábitos de vida saludables, y el tratamiento con medicamentos si fuera necesario, como las estatinas.

Diabetis

Las personas con diabetes tienen mayor riesgo de sufrir enfermedades del corazón, del cerebro, de las arterias y de los riñones. El riesgo de sufrir un ictus de personas con diabetes es de dos a cuatro veces más alta que en la población sana.

Hay dos tipos de diabetes. El tipo 1 la sufren un 10% de los casos y necesitan regular el nivel de glucosa en sangre cada día con inyecciones de insulina, ya que el páncreas produce muy poca o nada. Pero la mayoría de casos son diabetes tipo 2, estrechamente vinculados a la obesidad y el sedentarismo, y se controlan mediante una dieta equilibrada y ejercicio regular.

En pacientes con diabetes tipo 1 la frecuencia de ictus es menor, mientras que el incremento del riesgo en pacientes con diabetes tipo 2 se puede deber a que a menudo también sufren otros factores de riesgo.

Hipertensión

La hipertensión arterial es el factor de riesgo con más influencia en la aparición de un ictus. En Cataluña, se calcula que hasta un 40% de los ictus se podrían atribuir a esta causa. El aumento de la presión de la circulación de la sangre aumenta hasta cuatro veces la probabilidad de sufrir un ictus.

En la hipertensión arterial, las arterias se vuelven más gruesas y se endurecen a medida que soportan una presión alta de forma continuada. Esto puede provocar que el paso de la sangre se vea dificultado y aumente el riesgo que las arterias se estropeen o se rompan (arteriosclerosis), produciendo hemorragias en el cerebro.

Una presión arterial normal se sitúa entre los 130 de máxima y los 85 de mínima. La presión arterial no es una constante, sino que sufre variaciones durante el día en función de diversos estímulos, como la temperatura y las emociones. Se habla de hipertensión arterial cuando las cifras de presión igualan o se elevan de forma continuada por encima de 140 de máxima y de 90 de mínima. La hipertensión se puede controlar mediante unos hábitos de vida saludable y medicación. 

Obesidad

La obesidad incrementa hasta 2,5 veces el riesgo de sufrir un ictus, sobre todo la grasa abdominal. Se trata de un problema de salud pública, porque se relaciona con muchas enfermedades, entre otras, la hipertensión y la diabetes. Además, el número de casos ha aumentado mucho en los últimos años y ya se ha convertido en una epidemia.

Mantener el peso en unos límites saludables es muy importante para el funcionamiento normal del corazón, de los vasos sanguíneos, del metabolismo, de los huesos y de todos los órganos del cuerpo. Por eso, se tiene que mantener un balance entre las calorías que se ingieren y las que se gastan para no acumular grasa.

Sedentarismo

El sedentarismo es uno de los factores modificables que contribuye a la aparición de un ictus. La actividad física es crucial en la prevención del ictus, ya que contribuye a disminuir los niveles altos de colesterol, la hipertensión, la obesidad y la prevención de la diabetes.

El ejercicio físico es un componente fundamental en cualquier programa dirigido a reducir el riesgo de una enfermedad vascular. Pero haría falta la valoración adecuada por parte de un médico, sobre todo si se sufre una enfermedad de base, como la enfermedad coronaria, se presentan molestias ocasionales en el pecho, mareos al realizar ejercicio o uno se cansa con facilidad.

También es aconsejable la valoración médica si la persona que empieza una actividad física de cierta intensidad tiene más de 40 años y no realiza ejercicio físico habitualmente. El ejercicio físico de intensidad moderada como caminar o pedalear en llano no requiere de valoración adicional y tendría que formar parte de la actividad diaria.

Tabaquismo

El tabaquismo es un hábito poco saludable que se asocia a muchas enfermedades, sobre todo las respiratorias y cardiovasculares. El tabaco es uno de los principales factores de riesgo del ictus y existe una relación clara con el número de cigarrillos diarios que se fuman, con un mayor incremento a partir de los 20 cigarrillos al día.

El tabaco contiene muchas sustancias nocivas, entre las cuales destacan la nicotina, el alquitrán y el monóxido de carbono que provocan efectos nocivos en diversas células sanguíneas e inflamatorias, y en el sistema inmunitario de defensa. Además, dificultan la absorción de algunas vitaminas, como la A, B y C.

Dejar de fumar comporta un rápido descenso del riesgo de ictus desde el principio. Después de 15 años el riesgo de una enfermedad vascular se reduce hasta llegar a ser igual al de una persona que no ha fumado nunca. Sin embargo, solo un 30% de los pacientes que han sufrido un ictus dejan de fumar, según algunos estudios.