Secuelas

Un ictus puede dejar secuelas en la persona. Conocer estas carencias es muy importante a la hora de combatirlas y superarlas.

Algunas de las alteraciones más habituales son:

  • Función motora. Parálisis, dificultad para caminar, alteraciones en el equilibrio y la coordinación de los movimientos, pérdida de fuerza, propensión a caerse, limitaciones para hacer actividades de la vida diaria y espasmos que pueden provocar dolor y dificultar algunos movimientos. 
  • Sensibilidad. Alteraciones en la percepción de la temperatura, el tacto, hormigueo, el dolor y la posición de les extremidades.
  • Lenguaje. Alteraciones totales o parciales en el momento de hablar o de entender (afasia) y dificultad en la formación y la vocalización de palabras.
  • Deglución. Dificultades para tragar líquidos y/o sólidos (disfagia), por eso en algunos casos se consideran técnicas de alimentación segura.
  • Visión. Pérdida y disminución del campo visual. A veces, se pierde la mitad del campo visual (hemianopsia).
  • Deterioro cognitivo. Problemas de memoria, razonamiento, atención, concentración, organización, planificación y reconocimiento del propio cuerpo.
  • Emociones. Fragilidad emocional que dificulta el control de las emociones, sobre todo las inadecuadas. La personalidad de la persona, anterior al ictus, influye. Puede aparecer depresión y apatía.
  • Dolor. Una alteración en un área del cerebro produce una mezcla de sensaciones desagradables de picor, hormigueo y ardor más frecuentes en la cara y extremidades, que empeora con el movimiento y el frío.
  • Incontinencia urinaria. A menudo es una secuela temporal, aunque puede mantenerse en algunas personas.