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Equilibrio

El equilibrio implica la coordinación y la estabilidad de nuestro cuerpo en el entorno. El equilibrio es muy complejo e implica diferentes partes del cuerpo como el oído, los ojos y los nervios sensoriales de los músculos y las articulaciones. Afecta la mayoría de actividades del día a día, como movernos y acercarnos a objetos.

Un ictus puede afectar el sistema de equilibrio y el buen funcionamiento de las diversas partes del cuerpo que trabajan de forma conjunta para mantenerlo. Normalmente los problemas leves se superan, pero cuando son más graves probablemente os pueden hacer sentir inestables.

El deterioro del equilibrio puede producir sensaciones de mareo o de inestabilidad que reducen la confianza en las movimientos. Un ictus puede afectar el equilibrio de muchas maneras: debilidad muscular, mareos, pérdidas en el campo visual, dificultades de coordinación… En consecuencia, esto puede aumentar el riesgo de sufrir una caída. Cuando los problemas de equilibrio se alargan en el tiempo también pueden afectar a la calidad de vida.

Estos efectos a menudo tienen tratamiento, que incluye fisioterapia y ejercicios de recuperación del equilibrio. También es posible que tengáis que utilizar algún instrumento para mejorar la estabilidad, como usar un bastón o una ortesis de tobillo.

Por otra parte, los problemas de equilibrio y mareos también pueden estar causados ​​por diversas complicaciones de salud que no sean un ictus. Tratarlos puede ayudar a mejorar el equilibrio y vuestro médico de cabecera os indicará las revisiones y tratamientos de salud necesarios.

Debilidad en un lado del cuerpo

La afectación del ictus en un lado del cuerpo puede dificultar el equilibrio y, en los casos más graves, que os cueste sentaros y manteneros de pie. Quizás podáis caminar, pero notaréis que no podéis levantar los dedos del pie lo bastante deprisa para evitar que choquen con el suelo y tropezar. Esto se conoce como pie equino y puede que os haga sentir inestables y más propensos a caeros. También puede ser que os notéis con menos energía, por lo que os canséis más fácilmente y esto os haga más inestables.

Pérdida de sensaciones

El ictus también puede provocar la pérdida de sensaciones del lado del cuerpo afectado, en particular de las piernas. Si no podéis notar dónde está el pie y la pierna, sobre todo cuando el pie está apoyado en el suelo, es muy difícil saberlo mover correctamente. Automáticamente utilizaréis la visión para compensar la falta de sensación y esto requiere de mucha concentración. Puede resultar agotador. También es posible que tengáis menos conciencia del entorno y que, por tanto, tengáis más riesgo de sufrir resbalones y caídas.

Vértigo

Si el ictus ha afectado el cerebelo o el tronco cerebral -regiones neuronales que controlan el equilibrio- es posible que tengáis vértigo. Es decir, la sensación de que uno mismo o todo lo que os rodea se mueve o gira. Por lo tanto, podéis notar mareo y perder el equilibrio.

Problemas de concentración

Después de un ictus, moverse y mantener el equilibrio puede requerir más concentración. Distraerse puede hacer más difícil concentrarse en el equilibrio. De hecho, después de haber caído, muchas personas explican que no estaban atentos, que pensaban en otras cosas o hacían varias cosas a la vez. Uno de estos casos es caminar y hablar al mismo tiempo. Algunos supervivientes de ictus dejan de caminar si se habla con ellos. Otros casos en los que el equilibrio se ve comprometido pasan a la hora de afrontar situaciones imprevisibles, como encontrarse en medio de multitudes, caminar por superficies desiguales, girar o cambiar de dirección al caminar o andar llevando cosas.

Problemas de percepción

Algunos ictus pueden afectar la capacidad de interpretar el entorno. Puede ser difícil mantener el equilibrio y planificar los movimientos si no estáis seguros de la propia posición en relación con el espacio que os rodea.

Problemas de visión

La visión es un aspecto importante del equilibrio. Los problemas visuales después del ictus son bastante frecuentes y variados. Incluyen dificultades para enfocar, visión doble, problemas de movilidad en los ojos y puntos ciegos. Puede ser más difícil hacer ajustes posturales sutiles y rápidos, y movimientos para mantener el equilibrio si no se puede ver claramente el entorno.

Negligencia espacial

La neglicencia espacial, o desatención, hace que el cerebro no procese información sensorial de un lado del cuerpo, porque no tenga conciencia. Las personas con negligencia espacial pueden intentar moverse, olvidando que mueven la pierna débil, y sufrir pérdidas de equilibrio. Pueden chocar con objetos que no pueden percibir y caer. Hay quien experimenta la sensación de encontrarse en posición vertical, incluso cuando se encuentra fuertemente inclinado hacia el lado débil, a veces hasta el punto de no poder sentarse de manera segura.

Ataxia

La ataxia es el nombre que hace referencia a los movimientos torpes y descoordinados. Se asocia a los ictus que se producen en la parte posterior del cerebro (cerebelo o circulación posterior).

Las personas con ataxia tienen dificultades para producir movimientos rápidos y en el orden correspondiente. Por ejemplo, tienen problemas para evitar perder el equilibrio o recuperarse de un movimiento brusco o de un resbalón.

Efectos secundarios de la medicación

Algunos medicamentos generalmente prescritos después del ictus pueden causar mareos o debilidad. Algunos anticoagulantes pueden provocar sensación de mareo, así como algunos medicamentos para la hipertensión. Si tenéis dudas sobre los fármacos que estáis tomando, hablad con vuestro médico. No dejéis de tomar ningún medicamento sin hablar antes con vuestro médico.

Otras causas

Otras afecciones, no relacionadas directamente con el ictus, también pueden causar mareos y pérdida del equilibrio. Estos incluyen infecciones en el oído interno, migrañas y confusión debido a una infección del tracto urinario.

Recuperación de los problemas

Los síntomas de mareo pueden variar en gravedad y duración. Los problemas causados ​​por un ictus pueden hacer que no podáis moveros enseguida. La imposibilidad de moveros durante un tiempo prolongado afecta a la capacidad de mejora de los problemas de equilibrio. Por eso es importante la movilización precoz tras el ictus. La mejora tiende a ser más rápida los primeros días o semanas después del ictus, aunque puede continuar lentamente durante meses, o incluso años. Todo el mundo es diferente y no hay un tiempo fijado para la recuperación.

Fisioterapia

Durante el ingreso hospitalario, el médico rehabilitador o el fisioterapeuta valoran y os recomiendan las terapias o ejercicios que pueden ayudaros en la recuperación. Si ya habéis recibido el alta, y habéis terminado el proceso de rehabilitación ambulatoria o domiciliaria, vuestro médico de cabecera os puede derivar al profesional adecuado para seguir trabajando.

Ejercicios de recuperación

Los ejercicios y el entrenamiento del equilibrio son formas muy eficaces para tratar los problemas de equilibrio. Para ser efectivos, es necesario que los ejercicios sean:

  • Intensivos. Debéis hacer todo lo que podáis, con la frecuencia que podáis.
  • Individualizados. Debéis trabajar los movimientos que encuentréis difíciles.
  • Funcional. Cuando sea seguro hacerlo, debéis practicar las actividades cotidianas que encuentréis difíciles, como poneros de pie y sentarse, probar superficies y obstáculos desiguales, cambiar de dirección y velocidad, o subir escaleras.
  • Progresivo. Necesitáis pasar de actividades sencillas a actividades más difíciles para continuar mejorando.

Mantener el equilibrio mientras estáis sentados en la cama o en una silla puede ser el primero que trabajéis con el fisioterapeuta. Después, el reto está en conseguir el equilibrio mientras estáis de pie, tal vez con la ayuda de una grúa o con el apoyo de otras personas. A continuación, los ejercicios pueden incluir pasos adelante, pasar de la posición de sentado a la posición vertical, practicar la obtención de objetos y manteneros de pie en superficies inestables.

La recuperación del equilibrio puede tener lugar en sesiones individuales con un fisioterapeuta y también podéis hacer los ejercicios que os recomienden por vuestra cuenta o en grupo dirigido por un fisioterapeuta en el hospital o en un entorno comunitario.

Los ejercicios pueden adoptar muchas formas y deben ser supervisados ​​por un profesional que proporciona actividades individualizadas y progresivas. Hay quien se siente preocupado o tiene miedo a caer mientras practica ejercicios. Si os preocupa, pedid consejo a vuestro terapeuta para que os ayude a continuar con los ejercicios y hacer la mejor recuperación posible.

Entrenamiento sobre cinta rodada

El entrenamiento sobre cinta puede ser útil y forma parte de un programa para aumentar gradualmente la resistencia. Este entrenamiento os lo puede indicar el fisioterapeuta, o lo podéis hacer siguiendo las indicaciones de un entrenador formado para trabajar con personas con discapacidad en un gimnasio.

Instrumentos de ayuda

Un simple bastón o un bastón de cuatro patas puede mejorar la estabilidad y mejorar vuestra confianza, especialmente cuando caminéis fuera de casa. Incluso, aunque no necesitéis apoyaros en un bastón, haréis que la gente os deje más espacio y tiempo para moveros. Es importante que tengáis el tamaño correcto así que pedid ayuda profesional a la hora de elegirlo.

En caso de pie equino, podéis necesitar una ortesis para el tobillo. Esta férula se apoya en el tobillo y alza los dedos de los pies, por lo que permite poner el peso sobre la pierna cuando se levante y avanzar sin tropezar. El fisioterapeuta puede prescribiros una férula o dirigiros a la ortopedia.