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El duelo por la muerte

El duelo por la muerte de una persona es uno de los procesos más difíciles. La pérdida de un ser querido como consecuencia de un ictus puede afectar a las personas de maneras muy diferentes y provocarles un gran abanico de emociones.

Muchas personas experimentan sentimientos intensos de pena y pérdida después de la muerte cercana de alguien. Sin embargo, el proceso de duelo también puede implicar otros sentimientos como la ira, la somnolencia, la depresión, la culpabilidad o, incluso, el alivio. Estos sentimientos también pueden ser, a veces, abrumadores.

Tampoco es extraño experimentar una especie de indiferencia después de la muerte de alguien cercano. Puede que esto os permita seguir con vuestra vida y hacer los arreglos funerarios necesarios. Si es alguien que cuida de otras personas, es posible que esta indiferencia le permita continuar cumpliendo su trabajo y deberes.

También podéis experimentar reacciones físicas como perder el apetito o cambios en los patrones del sueño. La tensión en el pecho, la fatiga y la dificultad para concentrarse también pueden explicarse por la tensión emocional de una pérdida. Si tenéis alguno de estos síntomas visitad a vuestro médico de cabecera.

No hay ningún periodo de tiempo establecido para el duelo. Algunas personas pueden sentir que se han quedado 'pegadas' en un momento particular de la pena. Por ejemplo, puede ser que no podáis conectaros con los sentimientos y que la sensación de indiferencia o de incredulidad vaya y venga. Esto puede ser normal y probablemente no sea perjudicial. Sin embargo, algunas personas que no han tenido la oportunidad de pasar el duelo pueden presentar síntomas físicos o períodos de depresión durante los años posteriores a la pérdida. Si esto os sucede, solicitad ayuda profesional para tener ayuda.

Comprensión del proceso de duelo

Vuestra experiencia de duelo será única, sólo vosotros la sentiréis así. Nuestros rituales alrededor del dolor difieren entre comunidades y culturas. Sin embargo, hay algunos pensamientos y sentimientos que se han identificado como comunes en cualquier experiencia de duelo. Estos sentimientos no se producen necesariamente en un orden particular, e incluso se pueden sobreponer.

Estos sentimientos pueden incluir:

Negación

No aceptar que se ha producido o se producirá una muerte inminente. Esta negación puede ser subconsciente o puede ser una elección consciente. Puede durar muy poco, unos minutos o unas horas, o puede persistir mucho más en el tiempo.

Enojo

Los sentimientos de ira y amargura son habituales. La rabia se puede sentir ante cualquier persona o circunstancia. Por ejemplo, puede que estéis enfadados con la persona fallecida, que sentís que os ha abandonado. Esto puede conducir a sentimientos de culpa. También podéis sentiros enfadados con los médicos y demás profesionales sanitarios por no haber hecho lo suficiente, o con familiares y amigos que viven lejos.

Negociación

Se puede producir cuando una persona o alguien cercano tiene alguna enfermedad que puede poner en peligro su vida, o después de que un ser querido haya muerto. Si la persona tiene fe religiosa o espiritual, podéis intentar hacer un trato con su dios o con un poder superior, para que cuide de él o de su ser querido.

Depresión

Esto es común y puede conllevar muchos síntomas diferentes, incluidos sentimientos de ansiedad, lágrimas, desesperanza, falta o perturbación del sueño, pérdida del apetito, pérdida de interés en las actividades cotidianas o dificultad para concentrarse o tomar decisiones.

Aceptación

Podéis experimentar emociones difíciles como tristeza, ansiedad, miedo, arrepentimiento o culpabilidad. Es posible que comencéis a avanzar hacia el reconocimiento de que la vida no será nunca como era y que ha de continuar sin la presencia de su ser querido. La aceptación comienza cuando la persona dependiente es capaz de aceptar que la persona muerta no volverá.

Es normal experimentar una conexión continuada con la persona que ha muerto y que esto cambie con el paso del tiempo. Quizás sentís que vuestra conexión con la persona amada disminuye, pero nunca pasará del todo. Para algunas personas, este periodo puede coincidir con una reevaluación de su propia identidad o situación y, a veces, las personas pueden hacer cambios en su propia vida.

Cuidadores

Muchos cuidadores creen que su papel de cuidador es el centro de su vida. Si durante muchos años han sido cuidadores y han dedicado sus energías a un ser querido, quizá también se sentirán aislados, ya que durante este tiempo habrán perdido el contacto con sus amigos o intereses.

La pérdida como cuidador puede provocar emociones mezcladas y conflictivas. Los sentimientos de pena y tristeza se pueden combinar con la culpabilidad o el alivio. Además de intentar afrontar la pérdida de un ser querido, los cuidadores también se enfrentan a la vida sin su función de cuidador, con contactos o redes construidas como parte de su rol que se acaba.

El duelo del cuidador también puede comportar cambios prácticos y financieros importantes. Las organizaciones de apoyo a los cuidadores pueden proporcionar asesoramiento y apoyo sobre aspectos emocionales y prácticos de la pérdida.

Niños

Los niños experimentan el duelo como los adultos, pero pueden tener dificultades para comprender o expresar sus sentimientos. Su angustia puede aparecer de diferentes maneras, como un sueño problemático, problemas en la escuela o ira.

A menudo, los niños se mueven bastante rápido entre extremos de emoción, por ejemplo incordiando mucho en un determinado momento y al cabo de un rato estar jugando. Es frecuente que los niños más pequeños piensen que, de alguna manera, la muerte es su culpa y podrían necesitar apoyo.

La mejor manera de entender lo que piensan y sienten los niños es escucharlos detenidamente. Intente incluirlos en las conversaciones sobre la persona que ha muerto. Por ejemplo, hablarles sobre los preparativos funerarios. Confiad en vuestros instintos de padres. Recordad, es lógico que vosotros y sus hijos os sintáis tristes, enfadados y confusos, así como todas las otras emociones que experimentéis.

Apoyar a alguien que está pasando el duelo

El duelo puede ser muy aislante. La gente, incluso aquellas personas cercanas, pueden sentirse incómodos o tener miedo de decir algo 'equivocada'.

Pero es muy posible que la persona agradezca que la ayudéis a aceptar su pérdida, incluso si no sabéis qué decir. Algunas personas quieren compañía. Otras quizás querrán hablar de cómo se sienten y de la persona muerta. Otras pueden preferir pasar ratos a solas, aunque saben que la gente está allí por ellas. Las personas tienen necesidades diferentes y es importante dejarlas decidir qué tipo de apoyo quieren. Valorad ofrecer una ayuda práctica como comprar, cocinar o cuidar a los niños.

Ayuda profesional

El apoyo profesional puede ser una buena ayuda para afrontar el duelo, ya sea emocional o físico, como la falta de sueño. Os puede ayudar hablar con vuestro médico de cabecera, que puede valorar su salud, prescribiros medicamentos, como antidepresivos, aconsejaros.